ALGUNOS POLÍTICOS BUENOS



Es un prejuicio −fundado, tristemente− el de que los políticos son todos iguales... Iguales de malos. Y si hablamos de políticos españoles, hay que decirlo en superlativo. Pero, prejuicio o no, lo que sí hay son excepciones que confirman la regla. En España, a pesar de todo, contamos con unas cuantas. Así, a bote pronto, se me vienen los nombres de Julián Besteiro −un ejemplo de hombre íntegro como pocos los ha habido en política, y, en consecuencia, del que pocos se acuerdan, menos que nadie los herederos de su partido, el PSOE−; o el de Adolfo Suárez −cuya categoría política, poco reconocida en su momento, o directamente negada, se agranda con el paso de los años−; pero, sobre todo, el de Gaspar Melchor de Jovellanos, una de las personalidades más valiosas e interesantes de nuestra historia.

Quien no conozca su figura, o quiera matizar o completar lo que ya sabe, tiene en esta biografía, escrita por el profesor Fernández Álvarez, una lectura apasionante, que se lee en un suspiro, casi como una novela.

Después de leerla, junto al inevitable regusto amargo − ¿cómo esperar que tenga un destino venturoso un político honrado en España? El final de Jovellanos es penoso −, nos queda también el convencimiento de que es posible; de que, si en otras épocas ha habido políticos de tanta altura, puede volver a haberlos.

Diego





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