UNA SALIDA EN EL DESIERTO


Hace diez y siete años que escribí sobre esta misma película en nuestro blog. Diez y siete… Pero, bueno, si veinte años no es nada, como cantaba Gardel, ¿qué son diez y siete? Desde entonces he vuelto a ver Bagdad Cafe varias veces, y me sigue pareciendo preciosa. Habrá a quienes les choque su estilo, una mezcla de cine comercial estadounidense y cine “de autor” … Pero eso no le quita encanto, en mi opinión.
Quienes se hayan sentido alguna vez perdidos en la vida o, de algún modo, náufragos −aunque, la verdad, ¿quién no?−, conectarán enseguida con esta historia, que es sobre todo la historia de la amistad entre dos mujeres, dos mujeres extraordinarias pero muy diferentes entre sí, que se conocen −de una manera algo surrealista, pero providencial− en un momento crítico de sus vidas. Aunque aquí todos los personajes son, en algún sentido, extraordinarios. Como el interpretado por Jack Palance, actor al que yo conocía por sus papeles de pistolero o de criminal despiadado, y aquí hace de bondadoso y algo inocente −a pesar de su socarronería y su facha de cowboy− pintor de decorados de Hollywood, que vive su vejez en el desierto, en una autocaravana aparcada indefinidamente junto al Café Bagdad…
Si alguna de las dos o tres personas −calculo, siendo optimista− que leéis mis entradas en este blog, os seguís fiando de mi criterio cinéfilo, vedla. Ya me contaréis. O no. Cada cual que haga lo que quiera. Faltaría más. De espectador a espectador.

Diego


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