EL FASCISMO DE LA IZQUIERDA EN ESPAÑA


 

El otro día, en una de las declaraciones de los políticos sobre los escándalos que soportamos los españoles, decía Rufián, con un énfasis solemne: “los de izquierdas somos diferentes” –y, por supuesto, mejores–. Probablemente, con la misma rotundidad con la que Aznar lo diría de “los de derechas”, o Pablo Iglesias, de los comunistas, etc. Pero lo que los ciudadanos comprobamos todos los días es que existen políticos ladrones, violadores, mentirosos, etc. en todos esos partidos y, por lo mismo, dirigentes honrados, trabajadores, generosos, etc., porque la maldad o bondad, la genialidad o la torpeza de las personas no se distribuye según ideologías, clases sociales o creencias.

Pensar que yo y los míos somos diferentes –los mejores– es la piedra angular sobre la que se construye el fascismo y, más concretamente, el nazismo. Con esa consigna, divulgada por Joseph Goebbels entre los alemanes hasta convencerles de que ellos eran el pueblo elegido para gobernar el mundo, estuvo la razón de la mayor barbarie que sufrió la Humanidad.

En esa idea –somos los mejores y los que siempre debemos gobernar– está la esencia del fascismo, y resulta paradójico que Rufián defienda esa cualidad para la izquierda, un fascismo que, dado que este político es nacionalista, se trataría de nazismo.  

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