Cuando uno, no es que pierda el rumbo de su vida, sino que descubre que el lugar al que ha llegado −y no por casualidad o por inercia, sino deliberadamente, porque se lo propuso−, ya no le ilusiona, es más, le hace infeliz, y siente que todo lo que constituye su realidad: su matrimonio, su trabajo, sus proyectos, sus rutinas, empieza a deshacerse, a mostrar su inconsistencia… Ha de tomar una determinación, buscar una salida, algo a lo que agarrarse momentáneamente. El protagonista de esta historia decide volver al barrio de su infancia. No para volver al pasado, sino para encontrar alguna pista sobre su futuro.
Este es, en resumen, el argumento de esta novela. Una novela sencilla y fácil de leer, pero que trata de un drama universal: la crisis personal. Y lo hace, curiosamente, desdramatizándolo, desde el humor. Y para los que nos atrae Nueva York, tiene un aliciente añadido, pues la mayor parte de la historia se desarrolla en el Bronx…
Así que, si alguna vez, en algún mercadillo, o en una de esas librerías de viejo de las que, por suerte, incluso en la ciudad más pequeña suele haber al menos una, defendiendo heroicamente el pabellón del amor a los libros viejos, olvidados, arrumbados… Pero decía que, si en alguna de esas maravillosas librerías esta novela os salta a las manos, no la rechacéis de primeras. Echadle una ojeada, quizá os sorprenda, como me ocurrió a mí.
Diego

Comentarios
Publicar un comentario