Todos conocemos el poder de la palabra para trasmitir ideas
y emociones. Con las palabras se han construido ideologías y religiones que han
cautivado a miles de millones de personas. Ahora, con tantos problemas neurológicos,
los psicólogos no son capaces de atender a tantos desequilibrados y su
instrumento, antes que las medicinas, es la palabra.
Pero los antropólogos nos han descubierto que las emociones,
dirigidas al cerebro límbico, tienen mucha más fuerza que las palabras. La
música es un medio eficacísimo de producirlas y todos tenemos experiencia de
que determinada melodía es capaz de zarandearnos el alma y, sin que sepamos muy
bien por qué razón, sentimos un deseo irrefrenable de escucharla una y otra
vez.
Hay quien nos asegura que determinada melodía lo acerca al
misticismo, como el movimiento de la cantata de Bach conocido por “Jesús, la
alegría de los hombres”; otros se conmueven al escuchar los primeros
movimientos de la segunda de Mahler; y hay canciones que aún estando
clasificadas como música ligera son capaces de sacarnos de estados de ánimo como
la tristeza o el pesimismo. "I will survive" es una de ellas, tan convincente que no necesitamos conocer la letra para sentir
cómo el buen ánimo se nos entra en el alma.
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